Cierto es que el baile no tiene edad, pero las edades aportan una serie de circunstancias y connotaciones que establecen ciertas diferencias a la hora de impartir clases de baile y sobre todo cuando hablamos de grupos de la tercera edad.

En primer lugar, el baile contribuye a mejorar la salud, nos proporciona toda una serie de beneficios que tienen especial importancia en la tercera edad.
En segundo lugar, el hecho de asistir a clase supondrá salir de casa y abandonar la poltrona del televisor, integrarse en un grupo humano y sentir la pertenencia a él, descubrir una nueva diversión y hacer ejercicio.
Y es muy importante erradicar la tendencia natural al ostracismo en las personas mayores, conseguir que sigan sintiendo la necesidad de “hacer algo”, relacionarse con los demás y abandonar ese “morir un poco” que suponen las horas perdidas sin nada mejor que hacer que tragarse lo que pongan en la “tele” en ese momento.
Como veis, he hablado poco o casi nada del baile al enumerar sus ventajas. Porque el aprendizaje del baile no es en sí el objetivo de la actividad. Es el medio, es la excusa, es la justificación, pero nunca el fin en sí mismo.
Si además de mejorar su salud, que salgan de sus casas, que hagan ejercicio, que se integren en un grupo, que se sientan parte de él, que disfruten y que descubran una nueva forma de pasarlo bien… si además de esto, somos capaces de enseñarles a bailar, aunque sólo sea un poco, habremos conseguido cumplir con creces nuestra misión, que no es otra que contribuir a mejorar su calidad de vida.
Y es muy importante erradicar la tendencia natural al ostracismo en las personas mayores, conseguir que sigan sintiendo la necesidad de “hacer algo”, relacionarse con los demás y abandonar ese “morir un poco” que suponen las horas perdidas sin nada mejor que hacer que tragarse lo que pongan en la “tele” en ese momento.
Como veis, he hablado poco o casi nada del baile al enumerar sus ventajas. Porque el aprendizaje del baile no es en sí el objetivo de la actividad. Es el medio, es la excusa, es la justificación, pero nunca el fin en sí mismo.
Si además de mejorar su salud, que salgan de sus casas, que hagan ejercicio, que se integren en un grupo, que se sientan parte de él, que disfruten y que descubran una nueva forma de pasarlo bien… si además de esto, somos capaces de enseñarles a bailar, aunque sólo sea un poco, habremos conseguido cumplir con creces nuestra misión, que no es otra que contribuir a mejorar su calidad de vida.
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